diumenge, 12 d’agost de 2012

Queenstown

10.08.2012

El Martes el buen tiempo no acompañó mi viaje. Salí con una espesa niebla y al llegar a los pies del Mount Cook, el pico más alto de Nueva Zelanda, no se había levantado. Solo disponiamos de 2 horas y media para disfrutar del paisaje, así que nada más llegar me informé y emprendí un paseo de 1 hora y 45 minutos que en teoría me llevaría hasta uno de los glaciares allí existentes. Nada, las nubes no se disiparon y en mi excursión, entre prados amarillos, no conseguí ver el dichoso pico, distinguiendo apenas trozos de su figura cuando algún hueco entre las nubes me lo permitía. Al glaciar tampoco llegué. Las nubes empezaron a descender y empezó a caer una lluvia fina, así que decidí regresar y tomarme un capuchino antes de retomar viaje hasta Queenstown.

 
 
 
 

A Queenstown llegamos lloviendo, y con la esperanza de que mejorase el tiempo en los próximos dos días, como así fue. Este es un "pueblo de montaña". Al lado del lago Wakatipu y rodeado de montañas, es un importante punto base para esquiadores y jovenes con ganas de aventura, riesgo y adrenalina. Aparte del ski, aquí se lleva practicar el skydiving, el rafting, el bungy jumping, y otras cosas acabadas en "ing".

 
 

 

Yo, como podeis imaginar, ya tengo suficiente aventura con mi viaje, así que además de la ciudad, "4 calles", como diriamos nosotros exagerando, la estancia ahí la dediqué a hacer 2 pequeñas excursiones por el lago y 1 excursión a las "Queenstown Hills". Esta última es para hacerla, según el folleto, en 2 o 3 horas. En un principio no entendía porqué tanta diferencia de tiempo, hasta que en plena cuesta (el 80% del recorrido es subida bastante promunciadita -para mi-) me adelantaron cuatro jóvenes americanas entre risas y bromas. Ahí ya lo ví claro. Entonces ya supe para quién eran las dos horas y para quién las 3. :)

 
 

Al llegar arriba es un pasada el paisaje, pero ya veo que esta va a ser la tónica general del pais. Todos los paisajes aquí son bonitos.

 
 
 

Subí hasta arriba del todo, y a una velocidad que me recordaba a esos documentales donde se ve a montañeros subiendo al Everest o cualquier otro pico importante, y en los que cada paso, cortísimo, parece que les cuesta la vida. Así iba yo, supongo que roja como un tomate y con la lengua fuera. Agotada es poco. Estoy mayor.

 
 
 

En la cima me senté e intenté recuperar las fuerzas mientras saludaba a las inglesas que, aún entre risas, emprendían el descenso. Me viene ahora a la memoria también Bangkok cuando estaba yo desfallecida por el calor y el cansancio y llegaban los jubilados japoneses y para arriba y para abajo, como si tal cosa.

 
 

 

Al rato subió una chica y aprovechamos la mútua compañía para hacernos fotos.

Bajé pensando en qué iba a cenar, más que por el hambre por el regusto que aún tenía de la comida de las 12, un plato hondo con un montón de puré de patatas, un caldo hecho con vino y dos salchichas, tamaño butifarra, cocinadas con ese vino. Todo mezclado. Potente pero muy bueno.

Por la noche, en el albergue, me dediqué a descartar un montón de fotos, entre ellas varias tomadas en la cima en las que parecía un alma en pena. Pero el paisaje valía la pena, y ya se sabe (ya lo he repetido otras veces): el que algo quiere algo le cuesta.

 
 

Ah! Y de este albergue, el personaje a destacar ja sido Josu o Yosu, o como se escriba en vasco. Un chico de Bilbao que llevaba ya casi 3 años fuera de casa y que estaba pasando unos días en Queenstown antes de ir a Christchurch a buscar trabajo en la construcción (que hay de sobras). Tuvimos varias charlas estos días y, aunque un poco "sobrado", el chaval era majo. Tenía una vozarrón y enseguida sabias por dónde andaba. Aparte era un despiste. En dos días perdió el Ipod por la mañana, el disco duro por la tarde y la cartera y las llaves al día siguiente. Lo recuperó todo. De hecho el disco duro fuí yo la que le dije dónde lo había visto. En fin .... Y luego lo teniais que haber visto hablando de cualquier tema. Se emocionaba e iba subiendo la voz, así que los otros huéspedes debían pensar que nos estábamos peleando. :)

El Jueves por la noche me despedí del él desde la puerta de la habitación de la tele. Allí estaba, coreando cada uno de los puntos del español de taekwondo (él era cinturón negro "malo" según me dijo) y lo localicé por los gritos que pegaba.

Y nada más, eso es lo que dió de si la visita a Queenstown.

 
 

2 comentaris:

  1. Ostras la prima como se lo monta nano!!!!!! Así si!!! Allí ella paseando entre los prados cual Heidi cuarentona en busca de un fornido Pedro. Y la afición q a cogido a juntarse con los raros?
    Como nos cuesta subir las rochas eh? , aquí yo ya estoy cogiendo el tranquillo.
    Lujazo de sitio niña, gozalo a tope. A los bloggers ánimos.
    Hoymejorcortito y go go go

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  2. Espléndidos paisajes!
    Pero por favor, come un poco más, que a este paso no vas a tener fuerza para hacer estas magníficas excursiones...

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